Este miércoles se ha tenido una megamarcha para protestar por la política agrícola del gobierno y, en concreto, para reclamar el alza de la vida. En el fondo está el aumento de la tortilla, pieza angular de la alimentación mexicana. Los políticos están al alba, recogiendo cualquier posibilidad para hacerse notar y llevar agua a su molino. En México la política se ha convertido en esto: en gritar y condenar a derecha e izquierda. La política como el arte de lograr consensos entre los partidos para llegar a un arreglo que beneficie al país, nunca ha existido en nuestro país. Esto indica la calidad de nuestros políticos. En general, los políticos son gente que no han podido hacer fortuna o un negocio honorable para sobrevivir. Viven así, de la política. En las gruesas palabras de Don Porfirio, son los que tienen hambre y hay que echarles maíz.
El problema de la tortilla o, mejor, del aumento del precio del maíz, no es culpa del gobierno mexicano actual. El precio de este grano en noviembre del 2005 estaba a 70.78 dólares por tonelada. Ahora está en el mercado internacional a más de 150 dólares por tonelada. La causa de esta alza descomunal del precio se debe a la demanda creciente de este grano para elaborar etanol. Este deseo de encontrar una energía alternativa al petróleo ha motivado también que Estados Unidos, principal productor mundial de maíz, esté decidido a disminuir sus ventas al mundo a la mitad. Estados Unidos genera más de 280 millones de toneladas anuales de maíz, contra 20 millones en México.
El ganador en esta crisis del maíz será Estados Unidos, quien hará que el precio suba cada vez más. Este encarecimiento devela la vulnerabilidad de México ante la globalización. En 1989 el gobierno mexicano eliminó los precios de garantía de los cultivos básicos, sólo conservó el precio para el maíz y frijol. Así se dieron varios estados, sobre todo Sinaloa, a producir maíz, llegándose en tiempo de Salinas de Gortari a la autosuficiencia de ese grano. Después se olvidó el problema y ante la facilidad de proveerse de este grano de Estados Unidos, se dejó de aumentar su producción en México.
Ya dado el palo, el gobierno y las entidades campesinas deben reorientar su política de autosuficiencia alimentaria. Puesto que ahora el cultivo del maíz será más rentable para los campesinos y dada la exigencia social de este producto, se tienen esperanzas de que muy pronto México pueda remontar su dependencia de este grano del exterior. Mientras tanto, el gobierno tiene que apechugar y soportar las críticas que los políticos de oficio se están encargando de desparramar por todos lados.
El gobierno y las entidades campesinas deben reorientar su política de antosuficiencia alimentaria.