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Con una cruz por cada migrante que ha pasado o ha intentado pasar la frontera norte de México seguramente construiríamos nuestro muro del lado mexicano. El dólar y el peso mexicano son con lo que se realizan la mayor parte de las transacciones entre los migrantes ilegales y los coyotes en la frontera norte de nuestro país. Sin embargo el cuerpo humano femenino para muchas de estas personas es otra moneda de cambio, que voluntariamente o no por parte de las mujeres, están dispuestas a aceptar o tomar a cambio de sus “servicios “. La migración como estrategia económica es uno de los caminos por el que han optado miles de hombres y mujeres en México. Las condiciones económicas críticas en el país, la falta de oportunidades, la imagen que proyecta el “país de las oportunidades” más los comentarios de los migrantes del estilo de vida norteamericano motivó la salida de los hombres de sus comunidades, de sus hogares. Ha sido tal la magnitud de los flujos migratorios de varones que en muchas comunidades sólo quedan mujeres, ancianos y niños. Pero en los últimos años este fenómeno también se ha convertido en un fenómeno social caracterizado por las mujeres. En un principio y tras algún tiempo de estadía en el país del norte algunos migrantes empezaron a enviar por sus familias. El paso como ilegales de mujeres y niños se tornó en otra fuente de recursos para los “coyotes”. Pero al paso de los años también se ha convertido en una de las más terribles experiencias para miles de mujeres que anualmente van a la frontera con la intención de llegar a los Estados Unidos ya que las vejaciones, violaciones y extorsiones son prácticas que se han vuelto recurrentes hacia ellas. De acuerdo a datos del INEGI y CONAPO (publicados por América Juárez Navarro en Cambio de Michoacán, febrero 26, 07), se calcula que alrededor de 18 000 mujeres michoacanas intentan cruzar anualmente la frontera y uno se pregunta bajo qué circunstancias una persona está dispuesta a correr riesgos que puedan poner en peligro hasta su integridad física. Las razones para arriesgarse a pasar como ilegal en busca de una vida diferente son muy diversas; una respuesta la encontramos en las condiciones económicas del país ya que a pesar de la estabilidad macroeconómica del último sexenio, las condiciones de vida de los mexicanos no tuvieron beneficios directos de ello. Por tanto las familias tuvieron que poner en práctica estrategias que les permitiera sostenerse como unidades domésticas. Primero la incorporación de la mujer a trabajos asalariados desde la crisis económica de los ochentas se convirtió en una de las estrategias más recurrentes. A su vez, la migración de los varones se incrementó notablemente y en muchos casos las mujeres dejaron de tener noticias de sus esposos, de sus hijos, de sus padres (muchos murieron en el intento de cruzar, otros se olvidaron de sus familias y a otros muchos no les fue tan bien como esperaban). A su vez, el nuevo rol de la mujer como proveedora de recursos económicos, la recomposición de la dinámica familiar, la desintegración familiar, la violencia intrafamiliar, el incremento en el número de familias encabezadas por mujeres, las desiguales oportunidades y condiciones de trabajo para las mujeres, impulsó el crecimiento de la migración femenina. El reportaje referido señala que, de acuerdo a datos oficiales, en 20 años la migración de mujeres michoacanas pasó de 5 a 40%, convirtiendo a esta entidad en uno de los cuatro estados con mayor índice de expulsión de mano de obra femenina. Muchas de estas mujeres son madres solteras, divorciadas, viudas, quienes ante la falta de oportunidades buscan incorporarse al mercado laboral norteamericano para lograr mantener a sus hijos, a sus padres, a sí mismas. Sin embargo el costo para cruzar ha sido mucho más caro en el caso de las mujeres. Documentados están miles de casos de mujeres abusadas sexualmente y está aquel famoso corredor (paso de ilegales) en el que como trofeos se encuentran las prendas íntimas de muchas víctimas de los coyotes, verdaderos depredadores en el camino. Es por demás vergonzoso que día a día las mujeres que han tenido que abandonar hogar, hijos, raíces tengan que enfrentar estas condiciones y tratos denigrantes, pero más vergonzoso es que sabiendo que sucede no se haga algo al respecto. La incapacidad del gobierno para generar oportunidades económicas mínimas para la población continuará expulsando a las mujeres del país. Mantenernos en el modelo económico actual sólo hará más crítica la situación de los sectores más vulnerables. Pero también la impunidad, la falta de voluntad de las corporaciones policíacas y de protección hacia las ciudadanas permitirá que se sigan dando los abusos hacia las mujeres que ven como una salida la migración ilegal. El costo para cruzar ha sido mucho mayor en el caso de las mujeres.
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