Recientemente el periódico Reforma publicó un artículo en el que da cuenta de la afectación que sufre el turismo como consecuencia del mal estado en que se encuentran la mayor parte de las carreteras del país. Al término de las vacaciones de fin de año, miles de turistas se enfrentaron con esa realidad al comprobar en diversos puntos de la geografía nacional que los baches, los tramos inconclusos, la falta de señalización y la inseguridad son algunas de las características de muchas carreteras federales y estatales.
Si bien es cierto que la red carretera considera un buen número de autopistas de cuota, la verdad es que muchas de ellas no compensan al usuario el cobro que realizan dado el estado que guardan y los servicios que ofrecen, lo cual en opinión de algunos representantes de empresas turísticas representa una falta de honradez con los usuarios y un factor que impide el desarrollo cabal del sector turístico.
Para nadie es desconocido que son pocas las autopistas de cuota con servicios e infraestructura de calidad, pues la constante en la mayoría de ellas es la falta de servicios de emergencia, teléfonos, sanitarios en mal o muy mal estado, paradores que brinden seguridad o señalización adecuada. De las carreteras llamadas “libres” mejor ni hablar, pues están llenas de topes, baches, basura y en general carecen de la infraestructura básica para orientar o ayudar al turismo en casos de emergencia.
Según datos de la SCT, la red carretera nacional tiene una longitud de más de 340 mil kilómetros, de los cuales alrededor de 41 mil son federales, y de ellos más de la mitad tiene una vida útil superior a 30 años, por lo que las normas y técnicas que se usaron para su construcción no obedece a la demanda ni a las necesidades actuales. En cuanto a la red carretera operada por los gobiernos locales, la mayor parte no recibe ni siquiera el mantenimiento mínimo requerido para su funcionamiento, lo cual las convierte en verdaderas trampas y caminos de la muerte, sobre todo en temporadas de vacaciones.
Expertos en turismo van más lejos al formular comparaciones fuera de toda proporción, pues señalan que mientras en Estados Unidos, Canadá y países de la Unión Europea como España, Inglaterra, Alemania y Austria la mayoría de las carreteras son de cuatro carriles, no existe pago por peaje y conectan a ciudades importantes, en México destinos como Huatulco, Puerto Escondido, Loreto, Tuxtla Gutiérrez, Mundo Maya, entre otros, enfrentan la limitación para atraer más turistas e inversiones por falta de conectividad carretera con ciudades emisoras de turistas, lo cual no debe ser ignorado si se toma en cuenta que en nuestro país se calcula que más del 60 por ciento del turismo viaja por carretera.
El desarrollo y la promoción de las diferentes denominaciones del turismo, ya sea gastronómico, religioso, ecológico, de sol y playa, colonial, o de cualquier otra naturaleza, pasan necesariamente por el mejoramiento de la infraestructura y por la mayor inversión de recursos en la modernización de los servicios carreteros en su conjunto. Si es de sobra conocido el enorme potencial que nuestro país tiene en el sector turístico, no sólo para la generación de divisas y creación de empleos, sino para el crecimiento de la economía en general, entonces es importante que el gasto público de la federación y de los estados privilegie la inversión en el rubro de las redes carreteras que sean de su respectiva competencia.
Pero además del turismo, otros beneficiarios directos de una buena red carretera son los comerciantes, industriales, productores agrícolas y muchos otros sectores que contribuyen con su trabajo al crecimiento de la economía nacional y que requieren de este tipo de infraestructura como insumo indispensable para mejorar su productividad y competitividad. En tanto eso sucede, es de esperar que el 2007 sea un buen año, al menos en Michoacán, para nuestros deteriorados caminos.
Es de esperar que el 2007 sea un buen año, al menos en Michoacán, para nuestras deterioradas carreteras.