Y un Titanic encalló en Zamora
Jaime Ramos Méndez-Zamora
 
 
 

Los asuntos de la cultura –incluidas las artes– siempre han sido menospreciadas por la clase política en todos sus niveles. Los “huesos” que tienen que ver con cosas como el teatro, el cine, los conciertos, la danza, el aprendizaje de manualidades, la promoción de artesanías, las exposiciones pictóricas o de esculturas, las conferencias, los coloquios y los páneles… Nada de todo esto le interesa a la “clase política” –excepto en los pronunciamientos de las famosas campañas electorales y, frecuentemente, ni en éstos–.
Sólo cuando se hace algo por la cultura, la “opinión pública” resuena sus tambores. Critica en el peor de los sentidos de la palabra porque, recuérdese, una cosa es ejercer criterios para opinar y otra, muy distinta, ser simplemente criticón al tenor del consabido “buen gusto”.
De entrada se ha dicho del mal gusto del edificio construido entre el Santuario Guadalupano y el Teatro Obrero, en la callejuela 5 de Mayo de esta ciudad Episcopal y “Cuna de Hombres Ilustres”. Yo lo hubiera puesto, de acuerdo con su ingeniería –que no Arquitectura–, en medio de una colonia –que no “ciudad” – industrial.
Que parezca un trasatlántico de poco pelo encallado en medio de dos edificios que se dicen “neogótico” y “neoclásico” no debería importar mucho –y de hecho no importa– en una ciudad caracterizada por su desdén al derruir hasta el cansancio la poca arquitectura apreciable que le aportó el porfiriato. Tampoco debiera escandalizar a los puritanos de la Arquitectura, cuando en todo el mundo hay edificaciones que parecen platillos voladores aterrizados en sitios equivocados –la pirámide de cristal del museo de Louvre, en París y la parroquia de Tocumbo, por ejemplo–.
Lo importante, ya hecha la infraestructura, que en conjunto incluye al Teatro Obrero, es darle vida institucional. Lo que por cierto, según constatamos en las páginas de este periódico, ya comienza como una semilla a hacerse realidad, tanto en la presentación de un concierto que antes no se presentaría sino en sitios inadecuados, como la Catedral, y también haciéndose sede de eventos de celebración de una institución Académica de tradicional prestigio en la ciudad (el CEJA).
Otra buena noticia es que el Ayuntamiento de Zamora, según se informó, esté en pleno contacto con el Gobierno del Estado de Michoacán para compartir y potenciar el uso del inmueble del Teatro Obrero. Ojalá que hacia fin de este 2007 los zamoranos podamos disfrutar de algunas de las extensiones del Festival Cervantino de Guanajuato, que de hecho se realizan ya desde hace años en Morelia, y ojalá también que podamos contar con extensiones de los festivales de órgano y guitarra, que el propio gobierno estatal realiza anualmente en la capital del Estado y en Paracho. Entre el ColMich y el Ayuntamiento de Zamora podrían colaborar para tener buenos eventos culturales, tanto en el Teatro Obrero como en el auditorio del Colegio.
La Casa de la Cultura del Valle de Zamora, por otra parte, ha hecho tradición canalizar eventos culturales de relevancia, aún sin contar con infraestructura ni recursos económicos suficientes. Allí está en la memoria cuando dimos casa a los artistas de una “caravana” que promovió el ISSSTE a nivel nacional (artistas como Tania Libertad, Eugenia León, Betsy Pecannis y Margie Bermejo estuvieron en Zamora). También la CCVZ ha sido anfitriona de múltiples eventos aportados por CONACULTA y por las instituciones que promueven el arte y las artesanías en el Gobierno de Michoacán.
Se hace deseable, y hasta indispensable, entonces, que la Casa de la Cultura del Valle de Zamora también aporte y se vea beneficiada por estos nuevos espacios que recientemente se han construido y reconstruido en nuestra ciudad.

Lo importante es darle vida institucional.

 
 

 

 

 

 

 

 
 
 
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